Vivimos en la «sociedad de la información», de hecho, en la sociedad de la sobreinformación ("Infoxicación"). Desde principios de los años 90, las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC) han experimentado un crecimiento exponencial (tecnologías digitales, Internet y liberalización de las telecomunicaciones). Pero como casi siempre, no hay bueno sin malo, y los beneficios que suponen dichos avances van acompañados de algunos riesgos: exceso de información por incapacidad de filtrado/selección, acceso a información falsa o no contrastada, dificultad para asimilar la información por no tener suficientes conocimientos sobre el tema, etc.
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A mi modo de ver, en cualquier ámbito (salud, nutrición/dietas, metodología de entrenamiento, economía , política, etc.), la mejor manera de tomar una decisión adecuada es estar bien informado. Y para estar bien informado, debemos intentar acceder a la información “cruda”, es decir, a los datos originales, con el mínimo de filtros posibles. A más interlocutores, más interpretaciones y manipulaciones. Conste, que no empleo el concepto de ‘manipulación’ como un acto voluntario malintencionado, los conocimientos previos y el contexto del interlocutor determinarán la manera de interpretar los datos, aunque pretenda ser objetivo. A esto podemos añadir (porque existe) la voluntad de interpretar un resultado para confirmar una idea preconcebida o un producto determinado (ahora sí, manipulación malintencionada). Llámese
mala praxis y/o conflicto de intereses. En la literatura científica relacionada con el deporte, por ejemplo, encontramos publicaciones subvencionadas por determinadas marcas que concluyen en beneficio del producto de éstas. Por no hablar de la industria farmacéutica…
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Si podemos acceder a la información original, después debemos analizar/contrastar las conclusiones y reflexionar sobre ellas. En éste sentido, me adelanto a responder a quién me diga que no tenemos tiempo para corroborar según qué cosas: cada cual sabrá en qué invierte su tiempo, pero creo que todos sabemos, por ejemplo, que comer bien es beneficioso para la salud y que la salud es un tema lo suficientemente importante como para dedicarle unos minutos de indagación y reflexión (o la política, o la economía, o los métodos de entrenamiento…). Debemos jerarquizar los distintos ámbitos (profesionales, personales, sociales, etc.) y determinar qué nivel de conocimiento consideramos necesario para cada uno.
Yo resumiría esta manera de proceder en dos conceptos:
pensamiento crítico y
escepticismo racional. Considero que las definiciones aportadas por Wikipedia nos sirven:
** Pensamiento crítico: proceso mediante el cual se usa el conocimiento y la inteligencia para llegar, de forma efectiva, a la posición más razonable y justificada sobre un tema. Tal evaluación puede basarse en la observación, en la experiencia, en los modelos cualitativos, en el razonamiento o en el método científico. El pensamiento crítico se basa en valores intelectuales que tratan de ir más allá de las impresiones y opiniones particulares, por lo que requiere claridad, exactitud, precisión, evidencia y equidad. Tiene por tanto una vertiente analítica y otra evaluativa. Aunque emplea la lógica, intenta superar el aspecto formal de esta para poder entender y evaluar los argumentos en su contexto y dotar de herramientas intelectuales para distinguir lo razonable de lo no razonable, lo verdadero de lo falso.
**Escepticismo racional: posición práctica, filosófica, científica y epistemológica, en la que se cuestiona a las pseudociencias y, en general, la veracidad de las afirmaciones que carecen de prueba empírica suficiente. En la práctica, esta posición suele aplicarse al examen de afirmaciones y teorías que van en contra del razonamiento lógico y del método científico. El escepticismo científico se basa en el pensamiento crítico y se opone a afirmaciones que carezcan de prueba empírica verificable y contrastada.
En un post anterior ya hablamos sobre las
pseudociencias y el
falsacionismo.
Bien, y todo este rollo… ¿para qué? Pues para hacer una propuesta, a la sociedad y los medios de comunicación, en lo referente a las noticias basadas en estudios científicos.
Hoy en día, es habitual oír en las noticia: “Según un estudio de la Universidad de Stanford…”, esperando que con dicha entradilla quede claro que la noticia “es de fiar”. Des de mi punto de vista, falta mucha información para saber si las conclusiones extraídas de dicho estudio, sea de la universidad que sea o dirigido por el científico que sea, “son de fiar” o no. Resumiendo, necesitaría saber: el
diseño de estudio y la
representatividad de la muestra.
Es del todo comprensible que el lector lego no sepa, ni quiera saber, qué significa ninguna de las dos cosas (ni falta que le hace), pero para simplificarlo existen otras herramientas para decirnos el nivel de evidencia científica que tiene un estudio. Para ello se diseñaron los “Niveles de evidencia científica” y los “Grados de recomendación”. Según la
US Agency for Health Research and Quality:
**Nivel de evidencia científica:
Ia: La evidencia proviene de
metaanálisis de
ensayos controlados,
aleatorizados, bien diseñados.
Ib: La evidencia proviene de, al menos, un ensayo controlado aleatorizado.
IIa: La evidencia proviene de, al menos, un estudio controlado bien diseñado sin aleatorizar.
IIb: La evidencia proviene de, al menos, un estudio no completamente experimental, bien diseñado, como los
estudios de cohortes. Se refiere a la situación en la que la aplicación de una intervención está fuera del control de los investigadores, pero cuyo efecto puede evaluarse.
III: La evidencia proviene de
estudios descriptivos no experimentales bien diseñados, como los
estudios comparativos,
estudios de correlación o
estudios de casos y controles.
IV: La evidencia proviene de documentos u opiniones de comités de expertos o experiencias clínicas de autoridades de prestigio o los
estudios de series de casos.
**Grado de recomendación:
A: Basada en una categoría de evidencia I. Extremadamente recomendable.
B: Basada en una categoría de evidencia II. Recomendación favorable
C: Basada en una categoría de evidencia III. Recomendación favorable pero no concluyente.
D: Basada en una categoría de evidencia IV. Consenso de expertos, sin evidencia adecuada de investigación.
No creo que sea demasiado difícil comprender esta gradación, y entender que las conclusiones aportadas por "el estudio de la Universidad de Stanford", cuya evidencia científica es de... Nivel IV... son simplemente eso, opiniones. En el peor de los casos, nos podemos encotrar estudios que ni tan solo entran en esta categorización por presentar un diseño de estudio incorrecto, ni que decir cabe que las conclusiones extraídas de un estudio así
no deben ser consideradas.
Creo que conocer el nivel de veracidad de las fuentes (en cualquier ámbito) sería un paso adelante para dejar de tragarnos todo lo que nos dicen indiscriminadamente.